Treinta y cuatro días antes de que Elizabeth Holmes se presentara en el centro de detención de Bryan, Texas, para cumplir su condena de 11 años y 3 meses de prisión por el caso Theranos, ella y su pareja, Billy Evans, invitaron a los cineastas Nathan Fielder y Lance Oppenheim a documentar su vida. Lo que comenzó como un proyecto de unas semanas se extendió aproximadamente por tres años. El propósito original de Holmes y Evans era encontrar una vía para controlar la narrativa dentro de todo el ruido mediático que generó el proceso judicial, pero You Can See Everything termina cobrando vida propia. El retrato íntimo extremo se transforma en un profundo estudio de la naturaleza humana y una experiencia cinematográfica que desafía los límites de la realidad.
Lo que el mundo conoce de Elizabeth Holmes llega desde el filtro del escrutinio público, los artículos de investigación, los detalles de su juicio, sus aventuras en Silicon Valley. Pero también se aproxima desde la ficción de la televisión. En 2022, a solo meses de confirmarse su condena, Hulu estrenó la serie de televisión The Dropout en la que Amanda Seyfried encarna a Holmes en un retrato ficcionado de su ascenso y caída. You Can See Everything encuentra un ángulo más crudo y nos mete en el día a día de Holmes y su familia tratando de escuchar en primera persona un relato que ha sido contado por muchos, menos por la propia protagonista.
El experimento de Nathan Fielder y Lance Oppenheim se transforma en una pieza de cine fascinante. Su sujeto tiene un magnetismo impresionante: basta la cámara fija sobre ese rostro de ojos azules para que nos cautive, nos intimide, nos haga dudar y nos desconcierte. You Can See Everything no necesita artificios técnicos sofisticados ni elementos narrativos que apoyen el discurso; al escuchar a Elizabeth Holmes y a Billy Evans nos perdemos en un mundo insólito, como si entráramos en un universo paralelo. Es casi imposible distinguir la verdad de la mentira. Los límites del documental se difuminan y por momentos sentimos que Fielder ha perdido el control de su propia película. Lo vemos seguir a Holmes como las ratas al flautista de Hamelín: hipnotizado, sin saber si es él quien dirige o quien es conducido.
You Can See Everything roza las tres horas, pero no le sobra un minuto: cuando llegan los títulos finales, queremos más. El montaje de Adam Locke-Norton, colaborador habitual de Fielder, y la música de Ari Balouzain (Some Kind of Heaven, Primetime) le dan a la película el pulso de un filme de género. Por momentos parece un thriller detectivesco o una clásica película de intriga. Las reinterpretaciones de lo que no pudo filmarse, resueltas con recursos de ficción, se convierten en parte del lenguaje de la película y sostienen la narrativa.
Al final, You Can See Everything se convierte en un monstruo con vida y mente propia. Ni Holmes ni Evans logran dominar su relato, y por momentos parece que tampoco Fielder y Oppenheim dominan el suyo. Nos quedamos con más preguntas que respuestas. El documental nos abruma mientras intentamos darle sentido a unos personajes que suenan a ficción, pero son de carne y hueso. Con el último fundido a negro queda el vacío de no poder llegar a un veredicto.




Leave a Comment