Puntuación: 5 de 5.

Un retrato crudo y devastador de la adolescencia es lo que consigue la directora Kosara Mitić con su ópera prima, 17 (2026). Rodada íntegramente con cámara en mano y primeros planos extremos, la película nos sumerge en la experiencia de Sara (Eva Kostić) durante un viaje con sus compañeros de clase. Esta producción de Macedonia del Norte ha sido seleccionada por el país para representar a su cinematografía en la carrera por una nominación al Óscar a Mejor Película Internacional. Mitić nos acerca a su personaje central de una manera tan íntima que nos incomoda, nos enfrenta sin filtros al dolor de sus heridas.

Todavía no conocemos a Sara cuando ya estamos presenciando uno de los momentos traumáticos de su vida. Sentimos su desesperación y su dolor, y el fundido a negro que cierra esa primera secuencia no representa un alivio, sino la puerta de entrada a su mundo. Después llega lo cotidiano: la cámara la sigue mientras comparte con su familia los momentos previos a un viaje con sus compañeros de clase. Es entonces cuando, de manera sutil, comenzamos a descubrir la tormenta que azota su mente. Su silencio es frustración, una carga emocional que condiciona su presente y le impide encontrar tranquilidad. La incertidumbre la consume poco a poco, mientras la película nos acerca a una herida cuyas consecuencias parecen no darle tregua.

Con 17, Kosara Mitić no solo explora el convulso mundo interior de Sara y el conflicto que la atraviesa, sino también las dinámicas nocivas que se establecen dentro de los grupos masculinos, los juegos de poder, el abuso y la vergüenza como herramientas para silenciar a las víctimas. Los primeros planos asfixiantes y una cámara que acompaña cada paso de nuestra protagonista construyen una puesta en escena que nos permite seguirla de cerca, pero también adentrarnos en su psiquis. La cámara parece respirar con ella, absorber cada gesto, cada silencio y hasta el más leve latido de su angustia. De esta manera, la película no se limita a mostrarnos el sufrimiento de Sara desde fuera, sino que nos sumerge en su experiencia. Al principio cuestionamos sus decisiones y nos enfurecemos ante sus actos, pero, a medida que las piezas del rompecabezas comienzan a encajar, nuestra mirada cambia. La indignación da paso a una empatía profunda ante un alma herida que parece haber cruzado el punto de no retorno.

Además del magnífico trabajo de dirección, el punto más alto de 17 es la impresionante interpretación de Eva Kostić. El papel de Sara marca su debut cinematográfico, y Mitić buscó justamente a una actriz sin experiencia profesional que pudiera encarnar al personaje. En Kostić descubre un talento fuera de serie, capaz de sostener todo el peso emocional de la película con una interpretación visceral e imposible de olvidar. En la secuencia final, la actriz alcanza su máxima expresión y se entrega por completo a un personaje al límite de sus fuerzas. Es un momento de enorme intensidad que nos sacude y nos arrastra sin remedio al infierno interior de Sara.