Puntuación: 4 de 5.

El poema épico griego La Odisea ha sido adaptado al cine muchas veces, directa e indirectamente. El viaje de Odiseo ahora es imaginado por Christopher Nolan en una aventura colosal que ruega con todas sus fuerzas que la audiencia se reúna frente a la gran pantalla. El espectáculo audiovisual lo es todo; no hay un minuto de esas casi tres horas de La Odisea en el que no se sienta la majestuosidad de la puesta en escena. Este puede ser su mayor virtud y a la vez su mayor defecto, tal cual la astucia de Odiseo que se transforma en arrogancia al salir de la cueva del Cíclope. Nolan no solo compone una historia de proporciones épicas, sino que casi nos estruja en la cara su destreza técnica.

El tema del guerrero que regresa a casa y enfrenta todo tipo de peligros en su camino no es nada nuevo en el discurso de Nolan. De hecho, es un tema recurrente en su obra. Que ahora adapte uno de los periplos más importantes de la literatura, más que una sorpresa, es algo que parece natural. Desde el Leonard de Memento (2000), pasando por su Batman, por el Cooper de Interstellar (2014) y los soldados de Dunkirk (2017), todos pueden prefigurar a ese Odiseo que ansía el regreso a Ítaca.

Para su guion, Nolan articula una historia que repasa cada uno de los desafíos de Odiseo y sus hombres mientras utiliza saltos temporales para contarnos la caída de Troya y los afanes de Penélope y Telémaco.  De ese guion lo único que se puede reclamar es que no encuentra un balance adecuado entre las secuencias de acción y los momentos más íntimos. Las primeras pueden resultar apresuradas, mientras que las segundas se pueden prolongar de manera innecesaria. Lo que mantiene la historia unida es la fuerza monumental de la puesta en escena y los detalles de cada una de las secuencias. El manejo de la cámara, la edición y la música nos sacuden con la fuerza de Poseidón.

Le toca a Matt Damon estar en el centro de La Odisea y, como es costumbre, entrega un papel muy correcto con algunos momentos brillantes. Su Odiseo es un personaje que interpreta sin contratiempos desplegando su carisma habitual. Robert Pattinson hace de Antínoo en un rol que se dibuja como el antagónico principal, pero que se caricaturiza y pierde fuerza. Menos pomposo, pero más impactante está John Leguizamo como Eumeo, en un papel con buen peso dramático y muy bien interpretado. Anne Hathaway es la sufrida Penélope y Tom Holland el vulnerable Telémaco, ambos con interpretaciones correctas, pero no sobresalientes.

En conjunto, La Odisea es una experiencia cinematográfica que invita al espectador a contemplar más que analizar. La forma se impone ante todo y la grandilocuencia nos absorbe. Entendemos que el viaje de Odiseo no es sólo físico y que sus demonios internos son más devastadores que Escila y Caribdis. Es imposible negar la magnitud de la obra de Nolan; nos regala estampas que tienen el poder de perdurar en el tiempo y la memoria. Aunque por momentos se pierda en su propia grandeza, esta Odisea no deja de ser un viaje excitante que merece ser disfrutado en una sala de cine.