Puntuación: 5 de 5.

Si en algún universo se cruzan Viernes 13 (1980), Mulholand Drive (2001) y Sunset Boulevard (1950), seguro que vamos a tener algo muy cercano a Adolescencia, Sexo y Muerte en Campamento Miasma de Jane Schoenbrun. El camino que emprende la directora para exponer su discurso es complejo y exige mucho de la audiencia para establecer el diálogo. De entrada, el filme parce hablarnos desde los preceptos y los clichés, pero en realidad la historia propone algo mucho más profundo y que se ejecuta con una puesta en escena arriesgada e ingeniosa.

Kris (Hannah Einbinder) es una joven cineasta que se encuentra trabajando en su nuevo proyecto. Le ha llegado una especie de encargo desde un gran estudio y su tarea es revivir una franquicia de terror que ya vio sus mejores años pasar. Su relación con este proyecto trasciende lo profesional pues tiene un afecto muy especial por el primer título de la franquicia que ahora le toca relanzar. Kris se obsesiona con reclutar a la final girl de la película original, Billy (Gillian Anderson) y para ello tiene que viajar al lugar remoto donde vive recluida la actriz y que resulta ser el campamento donde se rodó aquella primera película.

En Adolescencia, Sexo y Muerte en Campamento Miasma hay una un perfecto balance entre la forma y el fondo. La cuidada estética y su meticulosa composición visual en cada plano dialogan perfectamente con el discurso de Schoenbrun y su idea de tomar el slasher y jugar con la estructura tradicional para replantear la metáfora de la represión sexual y el deseo. En películas como Viernes 13 y sus derivados teníamos una maqueta en la que había una relación directa entre el sexo, el placer y la muerte. Los protagonistas eran castigados por sus transgresiones sexuales. Ese es un elemento que sirve como piedra angular para el personaje de Kris que la directora utiliza para desarrollar su relación con el personaje de Billy.

Si bien el patrón central de Adolescencia, Sexo y Muerte en Campamento Miasma se construye sobre ese cine de terror de explotación, Schoenbrun solo lo utiliza como un mecanismo para cuestionar la interpretación de los temas recurrentes en esas películas y plantear su propia historia que explora, despertar sexual, represión de identidad y el placer como elemento liberador. Pero en el camino el filme también hace guiño a otras obras esenciales del cine que encajan muy bien con lo que propone. Es imposible ver a esa Billy de Gillian Anderson y no pensar en la Norma Desmond de Sunset Boulevard. Sumergirse en esa obsesión de Kris y Billy para ver como esos personajes se funden en uno en la pasión y el deseo sexual y no evocar a Lynch y su Mulholand Drive. Pero lo que hace la directora Schoenbrun nos es homenaje gratuito, es encontrar su propia voz usando elementos de esas obras para encontrar su propia esencia.

Adolescencia, Sexo y Muerte en Campamento Miasma es una película que maneja a la perfección el lenguaje cinematográfico. Posee una fuerza visual abrumadora y usa de manera precisa el humor negro para ayudar con el ritmo de la narración. Una película singular por la forma como mezcla distintos géneros cinematográficos y por la forma como plantea su discurso sin caer en el panfleto barato. Una propuesta arriesgada, incómoda y profundamente cinematográfica que debe convertirse en una pieza de culto de manera instantánea.