Puntuación: 3 de 5.

El mundo de las relaciones matrimoniales es terreno fértil para el cine. Dramas, comedias, thrillers, terror, suspenso, elija usted. En todos los géneros se han creado obras que se alimentan del complejo mundo de las relaciones humanas y la vida en pareja. El filme dominicano Animales (2026) de José Ramón Alamá viene a pasearse por esos senderos con una comedia oscura que se estructura sobre tres matrimonios que desde sus problemas individuales gestan la tormenta perfecta.

Martín (Frank Perozo) y Deborah (Vitaly Sánchez), Santiago (David Maler) y Sofía (Pamela Sued) y Franco (Pedro Manuel Casals) y Amelia (Nashla Bogaert) conforman los tres matrimonios sobre los cuales el director y guionista José Ramón Alamá soporta su historia. Desde la superficie podemos ver que en esas relaciones hay fisuras y posiblemente sentimientos reprimidos. Con esa carnada, la historia engancha al espectador para llevarlo por una verdadera montaña rusa de enredos. El humor nace de la desgracia de cada uno de esos personajes. La infelicidad y la desgracia de Martín, Deborah, Santiago, Sofía, Franco y Amelia, son tan cotidianas que la carcajada llega fácil con ese perverso humor negro.

Animales logra aprovechar muy bien la interacción entre los seis personajes centrales. Logra una buena química, balanceando el humor físico con diálogos bien estructurados. Los personajes de Franco y Martín aportan lo mejor con la carga cómica, mientras que del lado femenino la Sofía de Pamela Sued lleva la voz cantante. El mayor carburante de la historia es el suspenso que se genera por la información que el espectador conoce y se le oculta a los personajes. La acción se mueve con las infidelidades y secretos que van escalando hasta hacerse insostenibles. Una bomba debajo de la mesa a punto de estallar y todos lo saben menos nuestros protagonistas, en palabras de Hitchcock.

La cuidada puesta en escena se complementa con algunas secuencias que se ejecutan mejor que otras y con individualidades de los intérpretes que elevan esos momentos. La música con su tono operático funciona de manera desigual, por momentos es un complemento perfecto y en ocasiones satura la escena. El guion nos prepara para un clímax que se estructura de manera correcta y efectiva, pero que pierde fuerza con un final que se perfila didáctico y con un epílogo totalmente innecesario.

Animales encuentra en la comedia negra el vehículo perfecto para explorar hipocresía, carencias humanas y secretos que se esconden detrás de bien cuidadas fachadas. Busca construir un juego complicado de situaciones que ponen a los personajes al límite, pero que no siempre se resuelven con la misma contundencia. Tal vez las carcajadas llegan por una desgracia lejana, pero es un espejo de la propia realidad.