Puntuación: 3 de 5.

Hay pocas figuras en el universo artístico dominicano a las que podamos concederles el título de leyenda. Milly Quezada es una de ellas. La nueva película de la cineasta dominicana Leticia Tonos, Milly: Reina del Merengue, abraza la vida y trayectoria artística de La Reina del Merengue. La ficción se entrelaza con el drama biográfico para concebir una historia ambiciosa que recorre décadas, desde su niñez, sus primeros pasos en la música y hasta su consagración como ícono musical.

El guion de Leticia Tonos y Junior Rosario se estructura desde los códigos del musical. Ese es el mayor acierto de Milly: Reina del Merengue, encontrar su voz en la música y los bailes al ritmo de los legendarios temas que han trascendido de generación en generación. La fuerza que entrega el filme en esas coreografías y en sus números musicales supera por mucho al drama que propone en paralelo para narrar la vida de Milly. Podemos sentir como si se tratara de dos películas diferentes, una que late con fuerza desde la música y otra que palidece tratando de concebir un drama biográfico.

Las actuaciones nos permiten navegar por los altibajos de ese guion con una fluidez que nos permite conectar con la historia. Sandy Hernández en la piel de Milly comanda con potencia un elenco que se muestra a la altura. Hernández se destaca en una actuación que le exige mucho, no solo a nivel histriónico sino también en la interpretación de las canciones y en las coreografías de bailes. En oposición directa con el personaje de Milly, la historia recrea a Don Rafael, el padre de Milly, que interpreta de manera muy correcta el veterano Jalsen Santana. El núcleo central lo completan Juan Carlos Pichardo Jr., Raidher Díaz, Cindy Galán, Carasaf Sánchez y Raymond Moreta. Sus actuaciones prueban ser un sólido punto de apoyo para el desarrollo de la historia.

No podía ser de otra manera, Milly: Reina del Merengue destila música. Entre güira y tambora, la pantalla trata de captar la esencia de una artista que ayudó a trillar el camino para las mujeres en el merengue, que fue figura central para internacionalizar el ritmo y en un momento fue una representación innegable de la diáspora dominicana. El filme encuentra su mejor forma cuando deja que la música hable por sí sola. Logra capturar la energía, carisma y perseverancia de una artista única. El drama biográfico no siempre alcanza la misma fuerza que sus números musicales, pero al final esas canciones que forman parte de la memoria colectiva dominicana le dan el empuje necesario para que la historia prospere.