Puntuación: 4 de 5.

Tardes de Soledad logra algo que puede parecer imposible. Desde la exploración visual, el director Albert Serra nos hace sentir como propios los sentimientos de otra persona. No es solo una experiencia que toca algunas fibras para crear empatía, es un verdadero viaje que nos hace vivir como si fuera en nuestra propia carne el sentimiento de la soledad absoluta. Ese torero plantado en el medio del ruedo no enfrenta a un toro, enfrenta sus miedos, su frágil humanidad, la angustia, la muerte y toda la soledad que viene con esto.

Estamos ante un acercamiento único pocas veces visto en el cine documental. Aquí no hay entrevistas, narración ni ningún otro elemento cinematográfico. Tenemos una cámara que sigue muy de cerca a Andrés Roca Rey, un matador peruano que es una de las figuras más importantes de la tauromaquia en la actualidad. Tardes de Soledad se construye desde los silencios, los planos largos y los primeros planos que hipnotizan. Es el espectador el que debe aproximarse a las conclusiones, el director evita explicar este ritual ancestral y nos sumerge en la experiencia física, psicológica y emocional del torero. La conversación comienza cuando el filme termina, o nos fascinamos con el ritual casi religioso o nos escandalizamos con una práctica cruel y barbárica.

Lo que es innegable es la perfección con la que Tardes de Soledad está concebida. La puesta en escena es magistral y cada plano nos acerca más a la espantosa soledad de ese torero que en cada corrida se juega su vida. La película nos invita a una experiencia profundamente humana, es una propuesta que incomoda por el diálogo que propone y por la crudeza con que retrata una de las prácticas más controversiales de nuestro tiempo. La fuerza visual que posee es tan devastadora que sus imágenes prometen quedarse con nosotros por mucho tiempo.

Albert Serra logra un documental que es un desafío a nivel narrativo por no anclarse en elementos tradicionales para construir su discurso. Mientras se aleja de lo convencional, comienza a encontrar una voz única para que Tardes de Soledad trascienda el cine documental y nazca como una propuesta audaz y fascinante pero también radical. Es imposible no reflexionar sobre lo vulnerable de la vida y la inevitable cercanía de la muerte. Soledad, miedo, orgullo, valentía, locura, osadía, todo se conjuga en un acto que perdura mientras millones de voces lo condenan.