Puntuación: 5 de 5.

Hay momentos en los que el cine capta la vida de una manera tan prístina que la ficción nos pega como si se tratara de la realidad. El Pastel del Presidente (2025) de Hasan Hadi es el ejemplo perfecto. Mientras más profundo vamos en su relato, más nos damos cuenta de que no estamos ante una ficción tradicional. La vida cotidiana se nos entrega de una manera tan cercana que nos resistimos a creer que estamos viendo una puesta en escena perfectamente planeada.

Estamos en el Irak de los 90 y faltan dos días para el cumpleaños del presidente Saddam Hussein. Es el día del “sorteo” y todas las escuelas del país seleccionan estudiantes al azar para asignarles regalos que deben llevar para conmemorar el aniversario del déspota. Lamia (Baneen Ahmad Nayyef) está preocupada pues no quiere ser seleccionada y su abuela Bibi (Waheed Thabet Khreibat) le propone un truco para librarse del sorteo. Las cosas no van según lo planeado y Lamia termina siendo seleccionada para hacer el pastel de cumpleaños para el presidente.

Con El Pastel del Presidente Hasan Hadi retrata el Irak de los años 90 para entregar una crítica política potente. Desde la perspectiva de la pequeña Lamia y su amigo Saeed (Sajad Mohamad Qasem), el director nos muestra cómo un régimen autoritario puede trastornar la vida hasta en sus quehaceres más cotidianos. El régimen permea todo y no deja espacio ni siquiera para la infancia. Poniendo en contraste la inocencia de esos niños con la brutalidad y opresión del sistema, Hadi logra un discurso enérgico. La asignación de Lamia no es opcional, es una imposición, es obediencia forzada so pena de un castigo que puede costarle hasta la vida.

La estética visual de la película tiene un efecto de viñeta; la imagen parece contenida en esos bordes oscurecidos y redondeados. Es como si estuviéramos viendo una memoria, un recuerdo íntimo de esos niños que nos dan la realidad desde sus ojos y el contexto político lo digerimos desde sus experiencias. Ese pastel de cumpleaños se convierte en una poderosa metáfora, algo trivial que se convierte en una verdadera odisea, tal como se transforman todas las tareas ordinarias bajo un régimen que se alimenta del miedo y que rinde un culto absurdo a la personalidad.

El Pastel del Presidente es cine neorrealista, rodaje en locaciones reales, la mayoría de los actores no son profesionales y su historia trata de plasmar la tragedia humana de la manera más orgánica posible. El filme logra un equilibrio entre la adversidad, la desesperanza y el humor que viene con la ingenuidad de la niñez.  Es imposible no conmoverse con este poderoso relato de Hasan Hadi. Cuando la película termina, sentimos que hemos caminado demasiado cerca de una realidad que está lejos de ser ficción.