La primera regla de la creación de contenido: dale a la audiencia lo que quiere.
Faces of Death (2026) es una película incómoda pero necesaria. Daniel Goldhaber nos enrostra que no hay nada más perturbador que el contenido que consumimos a diario en las redes sociales. Todo el terror que pueda inventarse la ficción no le llega cerca a esos microvídeos que fluyen en nuestros dispositivos disfrazados de inofensivos por la ilusión de distancia que provee la pantalla. Goldhaber nos acusa, no somos espectadores inocentes, somos voyeristas culpables.
Margot (Barbie Ferreira) trabaja como moderadora de contenido para la red social Kino. Su trabajo consiste en revisar todo el material que está cargado en la plataforma y marcar cada video como apto o no apto para ser difundido. Cuando se topa con una serie de videos que parecen ser asesinatos reales, se obsesiona con encontrar al responsable de estos. Desde esa premisa el guion del mismo Goldhaber e Isa Mazzei construye la clásica historia de horror que confronta a la víctima indefensa con el terrorífico villano. El giro que hace que la historia trascienda y se separe del montón llega en forma de crítica social. La violencia no es gratuita, es un instrumento para construir un análisis contundente sobre la sociedad moderna.
La banalización de la violencia
Para la ejecución y puesta en escena Goldhaber se apoya de manera firme en la narrativa convencional del género de horror. Usa a su favor los estereotipos de las secuencias y el montaje calculado de manera precisa para generar tensión y construir el momento para sacudir a la audiencia con el famoso “jump scare”. Faces of Death puede parecer en la superficie una película más de terror, pero el discurso que propone es mucho más profundo y corta con más fuerza que el cuchillo del perverso asesino. Es más fácil ver a una persona siendo arrollada por un tren que ver a dos personas besándose efusivamente. La censura es un espejismo y la protección que viene con ella es un engaño.
Barbie Ferreira logra un personaje convincente con su Margo, su trasfondo emocional sustenta muy bien el tono de su interpretación y le da un arco dramático convincente que funciona a la perfección dentro de la historia. En la contraparte, Dacre Montgomery crea un personaje que puede trascender dentro del género del horror. Ese psicópata que referencia a villanos del slasher es efectivo y Montgomery luce verdaderamente perturbador. Todos sabemos que la historia inevitablemente nos lleva a un duelo final entre ellos. La construcción de ese clímax es muy buena, con un guiño sutil a El Exorcista (1973). El cierre es pesimismo disfrazado de triunfo.
Faces of Death parece gritar que el horror lo llevamos con nosotros en el bolsillo, que lo consumimos con nuestra taza de café en la mañana o antes de irnos a la cama en la noche. No hay respuestas, solo preguntas incómodas. Goldhaber encuentra el horror en la vida, en el deslizar infinito de esa pantalla que siempre ofrece más y más.



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