En el libro La Anatomía de los Géneros de John Truby, su capítulo sobre el horror es uno de los más interesantes. El autor lo trata no solo como un género narrativo sino como una expresión directa del ser humano frente a la muerte. La mayor dicotomía, vida y muerte, la conciencia humana sabe que vamos a morir y no podemos evitarlo y de aquí parte la tensión fundamental del horror. No es el monstruo amenazante, o el asesino, o el ente sobrenatural lo que más nos aterra, lo realmente perturbador es la contradicción de que estar vivos es la única condición para morir. En Obsesión, el director Curry Barker apela a los fundamentos más básicos del género para lograr una película compacta y contundente que funciona a la perfección.
La historia sigue a Bear (Michael Johnston), un joven introvertido que no logra reunir las fuerzas para decirle a la chica de sus sueños que está enamorado de ella. De manera ingenua utiliza un misterioso objeto con poderes sobrenaturales para hacer que Nikki (Indie Navarrette) se enamore de él. El único problema es que su deseo, pobremente articulado, se transforma en una peligrosa obsesión que transforma el idilio amoroso en una verdadera pesadilla. Una premisa simple pero ejecutada con una precisión espectacular. El horror vuelve a demostrar que es uno de los terrenos más fértiles del cine estadounidense de los últimos años. Su flexibilidad para hablar de temas de la actualidad que resultan incómodos sin tener que expresar las cosas de manera directa le ha dado una ventaja creativa.
Obsesión maneja unos niveles de tensión que pocas películas logran. Desde la secuencia inicial, el espectador puede sentir una sensación incómoda. Todavía no pasa nada y apenas estamos conociendo a los personajes, pero ya el aire se siente pesado y una premonición de fatalidad se instala en la psiquis de la audiencia. Barker logra esto gracias a un guion ajustado que usa los diálogos de manera precisa y deja espacio para los silencios que cargan cada secuencia con un suspenso casi insoportable. En la parte técnica, el joven director hace alarde de una puesta en escena impecable donde el juego de luces y sombras se convierte en su principal aliado. Más allá de generar los clásicos sustos de espantos repentinos, el verdadero terror llega en los momentos más calmados y nos perfora desde la parte psicológica.
Ese Bear que interpreta muy bien Michael Johnston es el protagonista perfecto de las películas de horror. Ese romántico introvertido que confunde el deseo de poseer con amor nos hace sentir pena, compasión y desprecio, todo al mismo tiempo. En un registro mucho más alto tenemos a Inde Navarrette con la genial Nikki, un personaje muy complejo y que sin dudas está llamado a convertirse en una estampa del cine de terror. En ella podemos encontrar una mezcla de muchos personajes arquetípicos del horror psicológico femenino. Pensar en Carrie, la Bette Davis de What Ever Happened to Baby Jane? Anne Wilkes en Misery, o Isabelle Adjani en Possession. Podemos juntarlas a todas y tendríamos como resultado a la perturbadora Nikki de esta historia.
Entre el horror gráfico, el terror psicológico, elementos sobrenaturales, un romance perverso y mucho humor negro, Obsesión aborda algunos subtextos que no son la idea central del filme, pero que sirven como un soporte estratégico de la historia. La idea de idealizar las relaciones románticas al punto de caer en lo dañino, la obsesión de poseer a alguien, el miedo al rechazo, la incapacidad de enfrentar la realidad, son solo algunas de las lecturas que podemos dar al discurso de Barker.
Lo que comienza como una fantasía romántica termina convirtiéndose en una oscura pesadilla. Obsesión nos recuerda que el ser humano puede deformar el amor hasta convertirlo en algo espantoso. Barker nos enseña que el horror sigue siendo uno de los géneros más efectivos para explorar los rincones más oscuros del alma humana.




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