Puntuación: 4 de 5.

Al ritmo de un western clásico, Wild, Wild East nos lleva a un pequeño pueblo perdido en el este de Polonia durante el invierno de 1943. La propuesta parte directamente del ADN del western, pero lo desplaza hacia un territorio que, en principio, parece completamente ajeno al género. Aquí no tenemos vaqueros, forajidos ni sheriffs. Tenemos soldados alemanes, habitantes de un pueblo ocupado y hombres que esconden secretos. Desde su secuencia inicial, la película deja muy clara esa intención. Un hombre a caballo observa desde una colina mientras un tren atraviesa el paisaje. Es una imagen que podríamos encontrar en cualquier western clásico. Solo que aquí, en lugar de llevarnos hacia el oeste americano, ese camino nos conduce a la Polonia ocupada por los nazis.

El director y guionista Jan Holoubeck cambia las reglas del juego, no solo sacándonos del espacio habitual del western sino también enmarcando la violencia desde un plano psicológico. Es aquí donde realmente Wild, Wild East adquiere su verdadera fuerza. El terror omnipresente de los estragos de la guerra tiñe al filme con un tono lúgubre, la fatalidad pesa sobre esos personajes y el suspenso se convierte en la herramienta narrativa que da forma a la estructura y al discurso de Holoubeck. Con una paleta de colores fríos, la fotografía de Bartłomiej Kaczmarek convierte ese inhóspito paisaje invernal en un personaje más que tiene una fuerza narrativa muy poderosa.

Pero no solo del western se alimenta Wild, Wild East, podemos recoger también elementos de cine negro. La construcción de los personajes, los encuadres, la utilización del contraluz y las secuencias nocturnas. Del thriller pasamos al suspenso sin que el filme pierda el ritmo y Holoubeck nos va preparando para el gran duelo final. En ese momento llega el guiño más evidente que hace el director. La puesta en escena de esa secuencia final es una referencia obvia al duelo final en El Bueno, El Malo y El Feo de Sergio Leone. Holoubeck encuentra su propia voz para recrear uno de los momentos más icónicos en la historia del cine. El polvo y el sol abrasador de Leone son sustituidos por el frío, la nieve y los paisajes desolados de Polonia.

Cuando creemos que el camino de nuestro protagonista ha terminado, el director nos propone un cierre devastador, un descenso al mismo infierno para arrancar toda esperanza. Holoubeck toma los códigos de un género que conocemos perfectamente y los lleva hacia un territorio marcado por el miedo, la guerra y la supervivencia. Al final, más allá de sus referencias cinematográficas, lo que permanece es esa sensación de fatalidad que desde el principio pesa sobre el relato. En Wild, Wild East no hay héroes esperando conquistar una nueva frontera, sino hombres intentando sobrevivir en un mundo donde la frontera ya ha desaparecido.