Puntuación: 4 de 5.

En su libro La Anatomía de los Géneros, John Truby reflexiona sobre el horror como un género que es la expresión narrativa de uno de los miedos más primarios del ser humano: la muerte. Truby lo lleva a un plano más existencial y lo expresa como la conciencia de que vamos a morir. La encrucijada entre la vida y la muerte es donde el horror fundamenta sus raíces y esto lo entiende a la perfección Zach Cregger. Luego de fascinar al mundo con Weapons, el director presenta una nueva propuesta de terror con Resident Evil.

Basándose en uno de los videojuegos más famosos de la historia, Cregger escribe el guion junto a Shay Hatten con una premisa clara: no busca adaptar fielmente las historias de la saga, sino capturar la experiencia de jugarla, con su suspenso, su horror, su acción y su sensación constante de peligro. Resident Evil está llena de guiños que seguramente complacerán a los fanáticos, pero funciona por sí sola incluso para quien no sepa de qué va el juego.

Resident Evil es una película de género con todas las de la ley. Se apega sin temor a los clichés y las convenciones de las películas de terror, pero las presenta de una forma fresca e inteligente para construir una historia compacta, de ritmo ágil y con una narrativa muy efectiva. Nuestro protagonista, Bryan (Austin Abrams), es un tipo corriente y su misión es bastante ordinaria. Bryan tiene que transportar un paquete desde un hospital hasta otro hospital. Las condiciones climáticas no son óptimas y el tiempo es un factor vital, en el trayecto las cosas se complican y en un abrir y cerrar de ojos Bryan se encuentra en una carrera para salvar su vida frente a toda clase de seres monstruosos.

Una de las mayores virtudes de la propuesta de Cregger es su ritmo trepidante. La puesta en escena sostiene una tensión y un suspenso que vuelven la experiencia casi inmersiva: por momentos parece que ya no hay cuarta pared entre los problemas de Bryan y los nuestros, y nos sentimos en su lugar, salvando el pellejo torpemente una y otra vez ante amenazas constantes. El humor negro, sello del director, es clave para definir el tono y permite que la película se burle de sí misma.

Resident Evil entiende lo que Truby dice del horror: que todo nace de la conciencia de que vamos a morir. Cregger lo aplica sin complicarse, con una historia sencilla, un protagonista común y un ritmo que casi no da respiro. Su película no reinventa el género, pero lo trabaja con inteligencia, humor y mucho oficio. Los fanáticos del juego encontrarán sus guiños y quienes lleguen sin conocerlo se encontrarán con una experiencia de horror muy bien lograda. Es una propuesta entretenida y segura de lo que quiere ser, y confirma que Cregger sabe moverse entre el miedo y la risa.