Un verano cambió para siempre la vida de Anthony Bourdain. Tony de Matt Johnson se enfoca de manera específica en ese pequeño fragmento de la vida de una de las figuras más emblemáticas del mundo de la gastronomía. El talento de Bourdain traspasó las fronteras del mundo culinario e impactó la cultura popular con sus libros y sus programas de televisión. Su trágico final solo contribuyó a crear un mito de ese hombre que desde la cocina penetró en culturas y le ofreció al mundo la oportunidad de conectar con diversas civilizaciones.
El punto de partida de Tony se apoya en una sección muy pequeña del libro de Anthony Bourdain, Kitchen Confidential: Adventures in the Culinary Underbelly. Publicado en el año 2000, el libro combina memorias personales de Bourdain con su experiencia profesional en el mundo de la cocina. El drama biográfico se cruza con una historia de ficción que se desarrolla principalmente en un verano que Bourdain pasó en Provincetown, Massachusetts. Desde ahí la película nos entrega la clásica historia de coming of age, con el joven sin rumbo que encuentra un mentor en una figura inesperada.
Dominic Sessa se mete en la piel de ese joven de 19 años que riñe con la vida. La interpretación de Sessa es intensa y es fácil conectar con él y sus dilemas. Tony nos lleva en un viaje de descubrimiento; desde los ojos de ese adolescente torpe aprendemos algo sobre la vida y podemos ver algunos destellos de lo que sería el personaje que el mundo conoció. Tony no busca un retrato biográfico exacto; la película se inclina por crear un drama ficcional con una muy buena estructura dramática. Se apoya en la buena actuación de su personaje central y de un elenco de reparto sólido encabezado por un Antonio Banderas que se muestra sobrio pero muy correcto.
Por supuesto que una película sobre Bourdain no estaría completa sin la comida. Tony hace un buen trabajo integrando el mundo culinario en la vida del personaje central de una manera sutil. La cocina y la comida son protagonistas, pero no le roban el foco al drama del personaje de Dominic Sessa. La dirección de Matt Johnson es muy acertada; el director se apoya mucho en los primeros planos para dejar que el lenguaje corporal de sus personajes nos diga lo que los diálogos guardan. La fotografía de Michael Bauman es exquisita y nos hace sentir cada latido de ese Anthony.
Tony no es la película definitiva sobre Anthony Bourdain, ni pretende serlo. Es un relato pequeño y bien contado sobre un verano, un joven que no sabe qué hacer con su vida y el oficio que empieza a darle un sentido. Quien llegue buscando el mito probablemente quedará a medias, pero quien se deje llevar por la historia encontrará una película sólida, bien actuada y filmada con mucho cuidado. Es un acercamiento íntimo a los años en que Bourdain todavía no era Bourdain, y eso la hace valiosa.





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