Puntuación: 4 de 5.

En la producción de Coyote vs. Acme nadie se imaginaba que la historia que estaban contando se convertiría en una especie de epitafio. La batalla que emprendió el malogrado Coyote contra la todopoderosa Acme prefiguró el conflicto que surgió entre los productores del filme y la casa Warner Bros. para que la película llegara a las salas cuatro años después de que fuera terminada. Desde 2022 el filme de Dave Green entró en un limbo corporativo, los ejecutivos de Warner Bros. consideraron engavetar la película y declararla una pérdida para obtener un beneficio fiscal, en lugar de estrenarla y tratar de recuperar su inversión. En 2025, la distribuidora independiente Ketchup Entertainment adquiere los derechos para Norteamérica por 50 millones de dólares y en 2026 la película finalmente llega al cine.

Es aún más sorprendente que Coyote vs. Acme llegue a la gran pantalla meses antes de que Warner Bros. Fue adquirida por Paramount en una de las transacciones más polémicas en la historia de la industria hollywoodense. El argumento de la película deja de ser ficción y abre una conversación interesante; nos plantea el eterno dilema del cine como arte y el cine como activo financiero. También es un perfecto ejemplo del poder que ejercen los estudios sobre el trabajo de los cineastas y de la complejidad de la distribución cinematográfica. En el filme, Wile E. Coyote lleva a Acme a los tribunales acusando a la empresa de todos los productos defectuosos que por décadas él ha utilizado para tratar de atrapar a su némesis, el Correcaminos. Cada producto Acme le falla miserablemente y, además de que no le permite completar su misión, le ha ocasionado incontables daños físicos.

Las aventuras del Coyote y el Correcaminos son de las más legendarias de los dibujos animados. La creación de Chuck Jones apareció por primera vez en pantalla en 1949; su impacto ha marcado múltiples generaciones. Su humor visual y la comedia física se convirtieron en marca registrada y en un catalizador de risas. Su eficacia reside en la construcción de situaciones absurdas que siempre dejan al Coyote mordiendo el polvo de la derrota y al veloz Correcaminos saliendo por la puerta grande.

Es imposible recorrer el filme de Dave Green y no recordar a ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1988) de Robert Zemeckis. No solo la idea de mezclar dibujos animados con actores de carne y hueso, sino también el arco narrativo que se le da al personaje del Coyote y su abogado Kevin Avery (Will Forte) se asemejan mucho al camino que recorren Bob Hoskins y Roger Rabbit en el filme de Zemeckis. Coyote vs. Acme construye una historia con muy buen ritmo que maneja el humor de manera muy efectiva y que sabe apelar a la nostalgia sin caer en manipulación barata. El guion logra insertar de manera preciso guiños muy sutiles a películas como A Few Good Men (1992), Chinatown (1974). También hace honor a la esencia de los personajes del universo de Looney Tunes, con las persecuciones clásicas, el silencio del Coyote y la inclusión de otros personajes memorables que ayudan a la historia con apariciones puntuales.

Dave Green consigue preservar la esencia de un humor que ha sobrevivido durante generaciones y utilizarlo para construir una sátira sobre el poder, la responsabilidad y los intereses corporativos. El Coyote, acostumbrado a levantarse después de cada golpe y volver a intentarlo, encuentra aquí una batalla distinta, pero igualmente desigual. Coyote vs. Acme termina siendo mucho más que una aventura de los personajes de Looney Tunes. Su propia historia de producción le añade una dimensión inesperada, convirtiéndola en una obra que parece cuestionar las mismas estructuras que hicieron posible su existencia.