La pluma es más poderosa que la espada, diría la inmortal frase del Cardenal Richelieu en la obra teatral de Edward Bulwer-Lytton. Lo mismo aplica para el cine; el poder de las ideas dentro de la narrativa cinematográfica tiene un impacto más duradero que la mayoría de los medios de comunicación masiva. Niñas Escarlata (2026) de Paula Cury Melo sabe blandir esta arma para fijar una posición firme en un tema polarizante. Se puede coincidir o divergir con el planteamiento del filme, pero la construcción del discurso es poderosa y aborda un tema escabroso con rigor y altura.
Este es el primer largometraje de Paula Cury Melo, pero no es la primera vez que aborda el tema de los embarazos en las adolescentes y niñas en su natal República Dominicana. En 2018 estrenó el cortometraje A la Deriva y desde aquí comenzó a narrarnos esta difícil realidad desde los ojos de las mujeres que la protagonizan. Con Niñas Escarlata el argumento aumenta en escala y explora con más insistencia las leyes antiaborto en la República Dominicana.
El guion de Paula Cury Melo y Claudia Galeano se construye en primera persona. Desde los testimonios de varias mujeres se va estructurando un arco narrativo potente. A nivel visual el documental proyecta un vigor demoledor. La dirección de fotografía de Nana Báez es excelente y sus primeros planos nos penetran el alma. La composición musical de Alejandro Karo se mezcla de manera perfecta con esos planos largos y pausados que nos invitan a una reflexión profunda. La película encuentra su verdadera fuerza en las composiciones visuales y los símbolos. Los contrastes son otro elemento narrativo que se emplea de manera efectiva para darle solidez al discurso.
Niñas Escarlata nos obliga a mirar de cerca una realidad incómoda. Aquí no hay respuestas fáciles; la película abre una conversación que trasciende barrios, pueblos y ciudades dominicanas. El documental siembra interrogantes hasta convertirse en un acto de resistencia. Su contundencia nace de saber narrar sin imponerse, de lograr que los créditos finales sean, en realidad, el punto de partida de un debate que se prolonga mucho más allá del fundido a negro.




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