¡Y solo veo que nada podemos saber! ¡La sangre con esto se me hierve!
Fausto – Johann Wolfgang von Goethe
El demonio Mefisto hace una apuesta con Dios por el dominio de la Tierra. Si puede corromper el alma de un hombre, el mundo será suyo. Fausto (1926) de F.W. Murnau adapta de manera libre la obra homónima de Goethe. El gran clásico de la literatura alemana se inspiró en las leyendas del folclore germánico que hablan sobre un ilustre alquimista que hace un pacto con el diablo. Folclore y religión se mezclan en una obra que hurga el alma humana y se desarrolla sobre el conflicto más universal y antiguo de todos, la lucha del bien y el mal.
La ambición humana y la sed infinita del conocimiento absoluto llevan a nuestro Fausto al abismo más profundo. No hay plenitud en los placeres del mundo, no hay regocijo en el conocimiento vasto, nada externo puede llenar el alma. Hay tragedia, hay culpa, hay dolor, la redención es la única opción y ella solo puede existir desde el amor. Murnau logra una obra trascendental dentro del cine silente, un filme esencial para entender la evolución del lenguaje cinematográfico. La escenografía estilizada, los contrastes de luz y sombra y el tono visual convierten a Fausto en una de las películas que mejor representan el expresionismo alemán.
El gigantesco Mefisto cubre con sus alas la ciudad y arroja sobre ella una plaga exterminadora. Este debe ser uno de los fotogramas más impactantes e icónicos del cine silente. Fausto se destaca por el uso de técnicas de efectos visuales que marcaron un antes y un después en el cine. Su estructura narrativa se convirtió en el arquetipo del cine de terror y fantasía, incluso hoy en día podemos ver rastros de esa narrativa en películas que presentan escenarios que reflejan estados mentales de los personajes y en obras de terror psicológico que se apoyan en los dilemas existenciales para atrapar a los protagonistas en conflictos internos.
Fausto nos abre los ojos para ver cómo las técnicas cinematográficas que consideramos como nuevas tienen su origen casi junto con el nacimiento del cine mismo. F.W. Murnau no tenía los efectos por computadora, pantallas verdes, pero sí tenía una asombrosa capacidad para crear historias fantásticas con iluminación, sobreimposiciones, efectos ópticos y el uso de maquetas. La técnica se ha perfeccionado, pero la esencia sigue siendo la misma y ha estado ahí desde el origen del cine.





Leave a Comment