Mucho antes de ganar notoriedad en Occidente por su película Battle Royale (2000), Kinji Fukasaku ya había dejado su marca en el cine japonés. Yakuza Graveyard (1976) es uno de sus filmes más importantes; su estilo revolucionó el cine criminal japonés. La forma en como enmarcaba la violencia y el submundo gánster ayudó a establecerlo como una referencia dentro del género. Ver el cine de Michael Mann, William Friedkin, o el de Quentin Tarantino luego de visionar esta obra de Fukasaku cobra un matiz diferente. La influencia es clara y probablemente ese ritmo frenético que bordea lo caótico haya permeado mucho más en el cine criminal que vimos en el Hollywood de los 70, 80 y 90.
Un detective de la policía japonesa se ve involucrado en una peligrosa guerra entre clanes de la yakuza mientras intenta investigar una red de corrupción que conecta al crimen organizado con las instituciones de poder. A medida que se adentra en ese mundo, descubre que la frontera entre la ley y el delito es cada vez más difícil de distinguir. Tetsuya Watari domina por completo el papel central como ese detective rudo con un dudoso compás moral. Su presencia en pantalla es electrizante. A medida que el filme avanza, nos vamos adentrando más en su mente y descendemos junto con él en esa espiral de destrucción. Ese policía es el antihéroe perfecto; es violento, impulsivo y con un pasado cargado de traumas, una bomba a punto de detonar.
Yakuza Graveyard tiene una estética muy particular; el uso de los colores, la música y los encuadres de cada secuencia nos dejan una película casi onírica. La edición y la cinematografía son de los puntos más altos del filme. Cada paso de ese detective Kuroiwa se dibuja en la pantalla como un viaje fantástico. Kuroiwa es un Ronin moderno, un hombre que no pertenece y no encaja en ese mundo que le rodea. Parece tener su propio código y parece caminar hacia el ocaso.
Fukasaku no solo compone una sólida película del cine criminal que es fundamental en el género, sino que sobrepasa el mundo de la mafia japonesa y se interna en un estudio de personaje. Nos enfrenta a un hombre emocionalmente fracturado que parece buscar redención con cada acto. Yakuza Graveyard es una historia intensa, visceral, humana y cargada de tragedia. Una película donde la violencia no es solo un elemento narrativo, sino el reflejo de un hombre consumido por sus propias contradicciones. Fukasaku convierte la caída de Kuroiwa en el retrato de una sociedad donde incluso aquellos que buscan hacer lo correcto terminan perdidos en la oscuridad.





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