Si el cine tiene alma, debe ser algo como Paris, Texas. Wim Wenders concibió una obra monumental que trasciende los límites del cine. Las imágenes podrían rodar en pantalla sin diálogo alguno y aún así tendríamos una narrativa coherente y contundente. Dos espíritus rotos buscan redención y el viaje es una epopeya visual que nos arrastra a lo más profundo del alma humana. Desde que vemos a ese Travis que interpreta el magistral Harry Dean Stanton emerger del desierto, la intriga nos atrapa.
Travis ha estado desaparecido por cuatro años, de manera sorpresiva, su hermano Walt (Dean Stockwell) recibe una llamada para informarle que su hermano ha sido encontrado. La reaparición de Travis altera el mundo de Walt y remueve un pasado traumático que viene a sacudir el presente. Travis tratará de reconectar con su hijo y se obsesiona con encontrar a su esposa para expiar los pecados del pasado. Paris, Texas se esboza como un melodrama, pero la narrativa nos lleva a un drama psicológico intenso con tintes de un road movie. Harry Dean Stanton nos regala una de las mejores actuaciones de todos los tiempos y Nastassja Kinski nos hipnotiza con una actuación breve, pero con una fuerza implacable.
Pocas películas tienen el poder visual de Paris, Texas. La fotografía de Robby Müller se conjuga de manera magistral con la música de Ry Cooder. Cada plano tiene tono de western melancólico, la soledad se viste de colores saturados, principalmente el rojo que nos perfora el alma. Wenders nos lleva del desierto a la civilización en una transición metafórica. En el viaje interno de sus personajes, el desierto está en medio de la civilización. Cada plano se quema en nuestras pupilas y se queda para siempre.
Wenders no es un director complaciente ni que ofrece concesiones para complacer a la audiencia. El viaje de Travis incomoda, la redención no es un camino recto en el que todas las heridas pueden ser sanadas. Es una espiral en la que es fácil perderse. En los silencios hay dolor, perdón, resignación, furia y amor. Los personajes se enfrentan a verdades incómodas y la audiencia está ahí con ellos. Paris, Texas, es un viaje intenso a lo más profundo del alma humana.




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