Puntuación: 3 de 5.

Hay epílogos que no necesitan escribirse; el de Thomas Shelby es uno de ellos. Durante seis temporadas la leyenda de los Peaky Blinders comandados por Thomas Shelby se fue forjando. Cuando concluyó el último capítulo en junio de 2022, el personaje de Tommy dejó un legado eterno. Peaky Blinders: El Hombre Inmortal busca elevar aún más una figura que ya había forjado su mito durante el desarrollo de una serie exitosa. La película se construye como una posdata que pretende otorgar un cierre cargado de gloria a una figura que no le necesitaba.

Steven Knight vuelve a dar vida al mundo de los Peaky Blinders, ahora en una historia que se contiene en menos de dos horas y que no tiene el beneficio de extenderse como lo hacía durante esas largas temporadas de la serie televisiva. El Hombre Inmortal ofrece a los fans de la serie nostalgia y romanticismo. Ver a Cillian Murphy volviendo a sus andanzas en las calles de Birmingham sin dudas resuena muy bien con los clientes de la serie. Para los que nunca recorrieron el universo de Peaky Blinders, la película busca conectar como una historia de redención. La narrativa se plantea como un thriller criminal cargado de mucha acción.

En plena Segunda Guerra Mundial, Inglaterra se encuentra bajo los bombardeos de los nazis. Thomas Shelby se encuentra retirado en el campo, sumido en su duelo y tratando de expiar sus demonios escribiendo un libro. Su nueva vida se ve interrumpida cuando el pasado en forma de su hijo le toca la puerta y lo obliga a tomar las armas nuevamente. El guion de Steven Knight establece un punto de conflicto claro entre los dos protagonistas y la destartalada relación padre-hijo es el punto de partida. Con el nudo principal establecido, la historia pasa al antagonista de turno en forma de un conspirador aliado a los nazis.

El Hombre Inmortal trata con todas sus fuerzas de replicar el legado de la serie que la engendró, desde la estética, la música, la edición y hasta el tono narrativo. Pero la película falla en encontrar una voz propia y apunta más a vivir del legado. Cillian Murphy y Barry Keoghan ofrecen actuaciones destacables en un filme que resulta entretenido y que fluye con buen ritmo, pero que no trasciende.