Puntuación: 4 de 5.

Bastan unos minutos para darnos cuenta de que ese Marty Mauser no es una persona confiable. En la primera secuencia de Marty Supreme (2025) vemos a nuestro protagonista trabajando en una tienda de zapatos. En su interacción con una clienta podemos descubrir a un cuentista, un embaucador, un charlatán que haría cualquier cosa con tal de vender un par de zapatos, pero eso es solo la punta del iceberg. Ese Marty carece de un compás moral y su ambición es su única brújula.

El director Josh Safdie nos regala un filme con un ritmo frenético de principio a fin. Una vorágine que nos consume sin piedad mientras vemos a ese Marty mover cielo y tierra persiguiendo su sueño de convertirse en campeón mundial de tenis de mesa. Safdie une fuerzas con Ronald Bronstein para construir el guion de Marty Supreme. Inspirados en la autobiografía de Marty Reisman, un excéntrico jugador de tenis de mesa, dan vida a ese Marty Mauser que es un buscavidas con un talento excepcional para jugar al tenis de mesa.

En palabras de Los Héroes del Silencio, Timothée Chalamet en la piel de Marty Mauser es la chispa adecuada. Todo lo que ese Marty toca arde con un vigor excepcional. Chalamet entrega la que es tal vez la mejor actuación de su joven carrera. Es imposible no detestar a ese personaje que no conoce límites, pero es también inevitable ese deseo de verlo lograr su objetivo. Junto a Chalamet tenemos un elenco brillante, con personajes igualmente descalabrados en el plano ético. Kay Stone (Gwyneth Paltrow) la actriz veterana que se involucra pasionalmente con Marty. Rachel (Odessa A’zion), la vecina de Marty que es infiel para estar con él, pero que está muy lejos de ser una víctima inofensiva.

El caos es el combustible del que se alimenta Marty Supreme, la cinematografía y la música se conjugan de manera perfecta para llevarnos en este viaje delirante que retrata el Nueva York de los 50 con un diseño de producción impecable. La comedia negra que transita por la tragedia se mezcla con el drama deportivo que encuentra el espacio para la épica. Marty es el antihéroe perfecto, un tipo común que vive en el filo de la navaja y que no tiene remordimiento alguno de transgredir las reglas para alcanzar su meta.

Josh Safdie logra una película excitante, entretenida y muy incómoda, pero que explora con seriedad la profundidad del alma humana. Esa escalera al infierno por la que desciende Marty nos confronta una y otra vez con dilemas morales complejos y nos apresura a encontrar alguna justificación que nos valide el pararnos en su esquina y lanzar vítores para que alcance la victoria final que tiene un costo devastador.