Con Valor Sentimental (2025) el director Joachim Trier retrata la vida desde su aspecto más íntimo. La narrativa se propone como una cronología de un trauma multigeneracional que se nos cuenta desde varias ópticas y en el centro la casa familiar como núcleo y analogía. En esa centenaria casa están las raíces, los recuerdos, el apego, el dolor y esa falla estructural que es la condena que pesa desde la creación cual pecado original.
Gustav Borg (Stellan Skarsgard) es un director veterano que no ha estrenado una película en mucho tiempo. Ahora tiene un nuevo proyecto, su obra más personal. Gustav ha regresado a su ciudad natal para el funeral de su exesposa y para reencontrarse con sus hijas. Nora (Renate Reinsve), la mayor, es una actriz de teatro y Gustav la quiere en su nueva película. Aquí comienza el guion de Eskil Vogt y Joachim Trier a carburar, con es punto de partida prepara el terreno para desarrollar un drama familiar intenso que abarca varias vidas y varias generaciones.
Valor Sentimental
El primer gran acierto de Valor Sentimental es la manera como logra desarrollar de manera paralela cuatro dramas y a la vez explorar vidas pasadas mediante las memorias y la narración de la voz en off. El epicentro lo constituyen Gustav y Nora, pero en torno a ellos giran también Agnes (Inga Ibsdotter Lileaas) y Rachel (Elle Fanning). Desde el drama de la relación padre-hija el discurso de Trier nos lleva a confrontar dilemas morales, pero también abre otra conversación sobre el arte, el artista y su obra como medio de expiación. Gustav busca absolución, su pasado le pesa demasiado y presiente que esta es su última oportunidad de enmendar las cosas.
La cámara de Kasper Tuxen (Beginners, Riders of Justice) es la protagonista omnipresente. La mayor parte de Valor Sentimental se desarrolla en interiores, pero los planos y el movimiento de la cámara son impresionantes. También encuentra terreno fértil en las magníficas interpretaciones, los primeros planos nos sumergen hasta lo más profundo del alma de nuestros protagonistas y sus expresiones nos dicen lo que las palabras no pueden.
La casa permanece como testigo del tiempo, la grieta es el trauma que permanece en el mismo lugar. Con Valor Sentimental Trier no pretende analizar esas heridas emocionales desde un punto de vista psicológico, su propuesta nos empuja a sentir y a vivir la complejidad de las relaciones humanas y los laberintos del pasado que definen nuestro presente. El final es poético, emocionalmente poderoso y es la fusión perfecta entre la vida y el arte.





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