Los dramas biográficos caminan por una línea muy delgada entre el retrato auténtico y el panfleto burdo. Springsteen: Música de ninguna parte (2025) se esfuerza por acercarse a la realidad. El filme de Scott Cooper mira de cerca a una de las figuras más legendarias de la música, Bruce Sprigsteen. Sin pretender abarcar la vida completa de Springsteen, la película se enfoca en un período de tiempo específico y uno de los momentos más importantes de la carrera del cantautor.
La mayor fortaleza de Springsteen: Música de ninguna parte es también una debilidad. El guion de Scott Cooper y Warren Zanes logra meternos en ese momento exacto cuando Bruce Sprignsteen, interpretado de manera impecable por Jeremy Allen White, se encerró en una casa en Colts Neck, Nueva Jersey para componer y grabar lo que luego sería su álbum Nebraska. La historia cobra fuerza por la intensidad de ese momento de la vida del astro de la canción. Sentimos sus traumas y lo vemos batallar con la depresión, entendemos el lado oscuro de la fama. Pero al limitarnos a ese capítulo de tan enorme figura la película se siente plana y pequeña.
Por supuesto que la música juega un papel determinante y las icónicas canciones de Springsteen se convierten en un personaje más. Pero lo que en verdad rescata la película es ver a Jeremy Allen White adentrarse en ese personaje y entregar una actuación maravillosa. Springsteen: Música de ninguna parte se mueve por senderos familiares, el ritmo narrativo se aferra a los clichés y aún cuando el filme se atreve a enseñar el lado más sombrío de una estrella del calibre de Springsteen se siente que se contiene demasiado para lograr complacer.
Desde su puesta en escena, la fotografía, la edición y el diseño de producción la película logra fluir sin contratiempos. Springsteen: Música de ninguna parte es un filme efectivo pero que no logra trascender.





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