Puntuación: 3 de 5.

Eso de acabar con el mundo a Hollywood se le da muy natural. Proyecto Fin del Mundo (2026) se suma a una larga lista de películas que se inscriben en el apartado de las misiones imposibles para salvar al planeta Tierra de la aniquilación total. De manera más específica, podemos incluir la película de Phil Lord y Christopher Miller en el encasillado de las aventuras de un hombre solo en una misión en el espacio exterior. El cosmonauta de turno, y no por elección, es Ryan Gosling. Su Ryland Grace es la última esperanza de toda la humanidad ante una extraña fuerza que poco a poco consume la energía de nuestro Sol.

La dupla de Drew Goddard y Andy Weir son los responsables del guion, tal cual lo hicieran en 2015 con otra película muy similar, The Martian. Al igual que en la que protagonizó Matt Damon, esta se basa en un libro de Weir que explora la aventura de un hombre solo que se enfrenta a la inmensidad del espacio exterior mientras busca respuestas a sus cuestionamientos internos. La mayor diferencia de Proyecto Fin del Mundo es que ese Ryland Grace no busca salvarse a sí mismo sino a toda la humanidad. La historia juega con un balance entre el espectáculo cinematográfico y la introspección que procura explorar temas tan profundos como el sentido de la vida.

Si ponemos en una licuadora esas películas más emblemáticas del hombre explorando el espacio, nos quedamos con algo como Proyecto Fin del Mundo. En su ADN hay rastros marcados de filmes como: Solaris (1972), 2001: Odisea del espacio (1968), Gravity (2013), Interstellar (2014), Ad Astra (2019) y, por supuesto, de la propia The Martian (2015). El ingrediente para conectar de manera definitiva con el público llega con la inclusión de un peculiar ser extraterrestre que parece una mezcla entre E.T. y WALL-E. La película funciona mucho mejor como una propuesta de aventura; es ahí donde se hace más entretenida y encuentra su mejor ritmo. Los saltos en la línea temporal que nos llevan del presente al pasado buscan explorar el lado más emocional y profundo de la historia y es aquí donde el ritmo pierde fuerza.

Ryan Gosling y Rocky logran mantener a flote una película que se alarga demasiado y que parece no encontrar el cierre ideal. La experiencia en la gran pantalla provee gran parte del valor a nivel de experiencia y seguro que verla en el sofá de la casa le va a restar a esta propuesta de Phil Lord y Christopher Miller. Proyecto Fin del Mundo nos lleva en un viaje que intenta encontrar un balance entre lo épico y lo íntimo, pero que no siempre lo logra. Lo que sí logra es chequear todas las casillas para complacer al público. Ofrece lo que promete y se sostiene gracias al carisma de Gosling y su amigo rocoso.