Oppenheimer es el largometraje número doce dentro de la obra del director inglés Christopher Nolan. Mucho ha cambiado desde aquel 1998 que le vio debutar con Following, una obra que se ha ganado un estatus de culto con el pasar de los años. Pero fue Memento (2000) la película que le pondría en el radar de muchos cinéfilos y le abriría el camino a la industria hollywoodense donde desde entonces Nolan ha cosechado todos sus éxitos.
Una vez más vuelve Nolan a recrear un suceso histórico en torno a la Segunda Guerra Mundial. En 2017 nos llevó hasta las playas de Dunquerque para revivir la Operación Dinamo con un Tom Hardy piloteando su Spitfire como todo un héroe para salvar a los aliados. Ahora la mirada no es la del campo de batalla sino la de las oficinas, los pasillos, los laboratorios y las salas de reuniones donde otro grupo libró una guerra paralela. De manera específica Oppenheimer nos posiciona sobre el nacimiento del proyecto Manhattan y la elaboración de la bomba atómica por parte del gobierno de los Estados Unidos de América.
Oppenheimer el destructor de mundos
El guión, del propio Christopher Nolan, se basa en la biografía ganadora del premio Pulitzer Prometeo Americano: El triunfo y la tragedia de J. Robert Oppenheimer, que escribieron Kai Bird y Martin J. Sherwin. La historia nos lleva por sucesos que van desde el papel central que jugó el eminente físico en el hecho histórico de la creación de un arma que cambió el rumbo de la humanidad, hasta los instantes más íntimos de su vida, sus miedos, carencias y sueños. Jugando con las líneas del tiempo la historia contantemente salta al pasado, nos da destellos del futuro y nos hace vivir el presente. Haciendo uso de este recurso para la narración Nolan busca hacer valer esas tres horas de metrajes, que para ser honestos pudieron compactarse para salvar algunos minutos.
Como un meticuloso artesano Nolan se refugia en lo que mejor sabe hacer, usa el cine y su lenguaje para crear una obra que alcanza niveles de perfección en el aspecto técnico. Pone todo su empeño en lograr la máxima experiencia cinematográfica y para esto se vale una vez más del lente del experimentado Hoyte Van Hoytema quien ya le ha acompañado en múltiples ocasiones. La cámara es sin dudas un protagonista más y nos permite entrar de lleno en ese universo que Nolan crea para mostrarnos a ese Oppenheimer divino y humano. Tal vez desde Interstellar (2014)el universo sonoro no había sido tan importante para una obra de Nolan y ahora Ludwig Göransson (Black Panther, Tenet) logra ajustar de manera perfecta cada acorde con lo que vemos en pantalla, su composición transmite las emociones y nos hace conectar con los personajes en un plano más profundo.
«Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos.»
Cillian Murphy demuestra una vez más su rango impresionante y nos regala una actuación fabulosa encarnando a ese Robert Oppenheimer. En sus silencios Murphy logra con sus gestos y leguaje corporal momentos más brillantes que incluso superan sus memorables diálogos. Todo el elenco funciona de muy bien y hasta Robert Downey Jr. Logra desprenderse de la sombra de Tony Stark para meterse en la piel de Lewis Strauss.
Con Oppenheimer Nolan nos regala una película que conjuga muy bien todos los elementos y que ofrece un deleite a nivel técnico. La tensión que logra durante todo el filme y en especial en la secuencia de la prueba Trinity es magnífica. Nolan maneja con maestría la puesta en escena, pero la duración del filme no es su mejor aliado. Entrega todo para brindar un verdadero espectáculo cinemático y lo logra.