Puntuación: 4 de 5.

El movimiento de la Nueva Ola francesa es uno de los puntos de inflexión más grandes de la historia del cine. Con Nouvelle Vague (2025) Richard Linklater nos transporta al momento exacto cuando nació una de las obras más importantes de este movimiento. Nos hace volver a imaginar a Belmondo, a Seberg y a Godard en los días en que rodaban À bout de soufflé (1960). Linklater plantea su narrativa desde el metacine y compone una obra que reflexiona sobre el cine mismo, sus procesos creativos y lo hace con un tono de reverencia.

Godard (Guillaume Marbeck) se siente frustrado y cuando se compara con sus colegas, Truffaut, Chabrol, Rohmer, se piensa fracasado como director. La musa está ahí solo falta un productor que se arriesgue y le permita realizar su primer largometraje. El guion de Nouvelle Vague se desarrolla sobre ese momento clave de la vida de Jean-Luc Godard y nos hace imaginar lo que fue la creación de uno de los clásicos más importantes de la historia del cine.  

Nouvelle Vague es una carta de amor al cine y un homenaje a las películas de la Nueva Ola francesa. Desde el uso del blanco y negro, la selección de una relación de aspecto clásica conocida como “Academy ratio” (un formato más cuadrado que el widscreen moderno), hasta la selección de actores pocos conocidos, como Aubry Dullin para el papel de Jean-Paul Belmondo y Zoey Deutch para el rol de Jean Seberg, todo revive la estética de los filmes que salieron durante ese movimiento cinematográfico que Linklater ahora celebra. Aquí no hay ofrendas insípidas, todo sirve su propósito y el filme encuentra vida propia.

Estéticamente Nouvelle Vague es pura magia cinematográfica. El diseño de producción es exquisito y junto a la fotografía y la edición nos hacen creer que vemos una película rodada en el París de los 60. Linklater mira al cine con nostalgia, pero sin caer en cursilerías, su respeto es puro y encuentra la forma de crear una película que trasciende. Estamos ante un director que se atreve, que no tiene miedo y que se desafía a sí mismo. Como resultado tenemos una película que nos recuerda porqué amamos el cine.