Para Nicholas Ray desmontar el famoso “sueño americano” fue casi una misión. En su obra el director norteamericano exploró desde varias ópticas la concepción idealizada, más no realista, de esa utópica sociedad. En Más Poderoso Que La Vida (1956) ataca de manera frontal a esa familia modelo y a la sociedad que asfixia a la figura masculina reduciéndola al rol de padre proveedor forzado al éxito sin importar las consecuencias.
En septiembre 10 de 1955 la revista The New Yorker publicó un artículo titulado “Ten Feet Tall”. Aborda la historia de un profesor de una escuela en Long Island que enfrentó una adicción a la cortisona. De ahí nace Más Poderoso Que La Vida. El guion que trabajó Nicholas Ray tiene en el centro a Ed Avery (James Mason) un profesor que para combatir una seria enfermedad se somete a un tratamiento con una droga milagrosa y se vuelve adicto a la misma.
Un hombre común se transforma en el villano de la historia, pero el director lleva la narrativa por otro camino. Para evitar la estricta censura que imponía el código Hays sobre la industria de Hollywood, Nicholas Ray establece subtextos que antagonizan al sistema, a las farmacéuticas y a las prácticas médicas no éticas. Con la misma estrategia confronta la idea de la prosperidad suburbana de panfleto. Más Poderoso Que La Vida nos habla de la sociedad como un ente opresivo que mueve a sus individuos a la autodestrucción.
Más poderoso que la vida
La escuela, el trabajo, el hogar son los lugares cotidianos que el director convierte en los campos de batalla. Lo hace desde las ideas y desde el plano físico. El personaje de James Mason se vuelve cada vez más agresivo y bajo la influencia de la cortisona se cree más grande que la vida misma. No solo con los diálogos construye Más Poderoso Que La Vida su narrativa, sino también con su maravillosa cinematografía.
Los encuadres y composiciones nos dicen lo que las palabras no nos cuentan y el mejor ejemplo lo tenemos en la secuencia que el padre tiene a su hijo encerrado en una habitación forzando a que el niño aprenda una asignatura. La madre trata de mediar, pero los esfuerzos son en vano, con las tres figuras en el cuadro el director logra un juego de luces donde la sombra del padre se impone como un gigante frente a las otras dos.
Más Poderoso Que La Vida fue una película mal recibida cuando se estrenó, tal vez por la forma directa en que criticaba a la sociedad. Con el tiempo esta obra de Nicholas Ray ha ganado valor, sobre todo por la manera que el director transforma el drama familiar en terror psicológico. Lo aterrador no es la adicción ni como se transforma ese Ed Avery sino como la sociedad empuja de manera sistemática a sus individuos hasta llevarlos a ese punto.





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