Puntuación: 3 de 5.

Si mezclamos Terminator 2 (1991) con El Día de la Marmota (1993) y 12 Monos (1995), seguro que nos saldría algo como esto: Good Luck, Have Fun, Don’t Die (2025). El director Gore Verbinski se roba la misión del Terminator, la repetición de la Marmota y el fatalismo de los 12 Monos para componer una contundente sátira con voz propia. La peculiaridad que evoca el título puede ser una advertencia para el espectador que se aventura con esta obra. Verbinski se decide por un discurso que incomoda por las verdades que plantea y por la forma en que lo expresa.

En la secuencia inicial vemos a un hombre (Sam Rockwell) que, vestido como un vagabundo, entra a un restaurante y comienza a perturbar a los comensales con un monólogo prolongado sobre el fin del mundo y una campaña de reclutamiento de guerreros para una batalla contra una poderosa entidad de Inteligencia Artificial. Desde ahí comienza el guion de Good Luck, Have Fun, Don’t Die a desplegar su crítica social. Un macabro humor negro es la herramienta principal del guionista Matthew Robinson (Live Die Repeat and Repeat), el fin del mundo es inminente y todos somos cómplices por asociación o por omisión.

Ese hombre del futuro que interpreta Sam Rockwell es la voz interna que no queremos escuchar. Áspero, grosero, irreverente, pero acertado. Con ese personaje Verbinski nos reprocha y nos hace cuestionar el mundo actual y el papel dominante de la tecnología en nuestras vidas. El villano no es un monstruo intimidante que llega lanzando fuego; es sutil y amigable, nos seduce y nos atrapa. Good Luck, Have Fun, Don’t Die logra mayor fuerza gracias a las historias paralelas del grupo de protagonistas, con los flashbacks el director le otorga peso a sus arcos narrativos y complementa la historia general.

Entre acción, viajes en el tiempo y sarcasmo trágico, Good Luck, Have Fun, Don’t Die avanza al ritmo de los protagonistas y su épica misión para confrontarnos y provocarnos. Entre la ficción podemos reconocer la oscura realidad de nuestro presente, desconexión social, violencia extrema, uso de la tecnología sin sentido ético. Parece que Verbinski usa el humor negro como un grito de resistencia y logra una película muy actual y necesaria. El fin del mundo funciona como una doble alegoría. De un lado, la lucha del cine contra la inteligencia artificial y del otro, la humanidad enfrentada al monstruo que ella misma creó.