Puntuación: 5 de 5.

La idea es simple, ingenua, tímida, pero contiene una fuerza demoledora que nos interpela de manera categórica. ¿Dónde queda la casa de mi amigo? De Abbas Kiarostami se acerca al espectador de manera dócil, pero una vez lo engancha, su discurso arrolla. Desde la mirada de un niño con un conflicto moral que puede parecer banal, Kiarostami construye un complejo ensayo sobre la vida, la responsabilidad moral, la infancia frente al mundo adulto y la inevitabilidad del cambio constante.

El pequeño Ahmed (Babek Ahmedpoor) se ha llevado a su casa, por error, el cuaderno de su amigo. Ahmed sabe que si no lo devuelve su compañero de clase, no podrá terminar la tarea y será expulsado del colegio bajo previa advertencia de su profesor. Ahmed trata de explicar la urgencia de la situación a su madre para que le ayude a devolver el cuaderno, pero es ignorado. Enfrentado con una decisión moral que lo consume, intenta resolver la situación por su cuenta, lo que implica trasladarse hasta un pueblo cercano para encontrar la casa de su amigo.

Kiarostami decidió utilizar actores no profesionales. Todo el elenco está compuesto por habitantes de la región rural de Koker en el norte de Irán. Esto le da a la película una autenticidad que roza el documental. Ese Babek Ahmedpoor que interpreta al personaje central era un niño del lugar que nunca había actuado. Lo que vemos en pantalla es un relato de ficción con tintes de la vida misma.

Minimalismo y Humanismo

Desde la perspectiva del niño, ¿Dónde queda la casa de mi amigo? nos va presentando sus interacciones con los adultos que le rodean, desde la escuela, su casa y hasta los que va encontrando en su noble periplo, todos le ignoran y no le validan su dilema. Desde aquí el discurso del director nos habla de cómo la infancia percibe el mundo adulto y cómo los adultos olvidan su infancia. Mientras más se complica la situación de Ahmed, más profundo vamos entrando en el análisis de la responsabilidad moral, de la solidaridad y de la persistencia ante la indiferencia.

Kiarostami también nos habla del mundo, de los traumas generacionales, de cómo la modernidad con su paso implacable devora sin piedad no solo las estructuras físicas sino también el legado histórico. Cada uno de sus personajes representa un grupo de la sociedad y cuando Ahmed conecta con ellos, la película esboza reflexiones existenciales profundas. Tal vez uno de los encuentros más importantes se da cuando el niño se encuentra con el anciano que representa la memoria histórica del pueblo y los diálogos que entre ellos se dan son simplemente legendarios.

Con su enfoque minimalista y humanista, ¿Dónde queda la casa de mi amigo? es una de las películas más influyentes del cine iraní. Su fotografía con un ritmo contemplativo, las composiciones visuales tienen un tono poético que se engrandece con la formidable banda sonora. Gestos pequeños que resuenan con fuerza monumental.