El Robin Hood de Errol Flynn, estrenado en 1938, prácticamente definió al personaje en la cultura occidental. Antes estuvo Douglas Fairbanks en 1922, pero Las aventuras de Robin Hood, con Flynn en el papel central, definió al héroe de aventuras que perduró en el imaginario popular. El noble bandido sería encarnado por: Sean Connery, Kevin Costner, Cary Elwes, Russell Crowe, Taron Egerton, entre otros tantos. Siempre acercando el personaje a la idea de ese forajido con buen corazón. Ahora Michael Sarnoski destruye el mito en La Muerte de Robin Hood. Cuestiona la leyenda del héroe e imagina a un ladrón despiadado y un asesino vil.
El guion del propio Sarnoski nos enfrenta a un Robin Hood crepuscular, un hombre que no puede soportar el peso de su pasado. Lo vemos retirado en un lugar remoto, consumido física y mentalmente. Cuando emprende lo que piensa será su última batalla, un evento fortuito lo lleva a vivir un nuevo capítulo que se convierte en una especie de epílogo. Hugh Jackman abraza el personaje por completo y ofrece una interpretación formidable que nos recuerda a su Logan, tanto en la forma como en el fondo.
Uno de los puntos más altos del filme es su cinematografía. Pat Scola (Pig, Sing Sing) se luce con los primeros planos en las secuencias más íntimas y también logra unos encuadres maravillosos en las secuencias de acción. La cámara nos dice lo que las palabras omiten sobre ese Robin Hood. Visualmente La Muerte de Robin Hood es visceral, oscura, devastadora, pero al mismo tiempo se siente como un poema trágico que destila una extraña belleza.
Michael Sarnoski despoja la leyenda de Robin Hood de todo romanticismo y revela a un hombre común, un personaje marcado por la violencia y la muerte que no puede sacudir el peso de la sangre. Nos muestra un lado del legendario forajido que acerca más a las baladas medievales originales donde ese Robin Hood era más ambiguo, violento y diligente para matar, contrario al héroe que roba a los ricos para dar a los pobres.
La Muerte de Robin Hood es una película bien construida impulsada por un Hugh Jackman que entrega una muy buena actuación y mira la leyenda sin el brillo del heroísmo. Melancólica, amarga, íntima. Lo que realmente me gusta de este filme de Sarnoski es que encuentra la forma de presentar una historia más humana que se construye como un estudio de personaje y no como una aventura heroica.





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