Puntuación: 2 de 5.

Yo crecí en pleno apogeo del videoclub. Recuerdo cuando llegó a mi casa el primer reproductor de VHS y cómo revolucionó mi mundo. Ya no tenía que esperar meses hasta que las películas llegaran a la televisión, podía ir al videoclub y alquilar cualquier película. Para mi fortuna tenía un tío que administraba un par de tiendas de Video Ozama. De seguro que el yo de 10 años que escudriñaba carátulas y elegía películas en base a que tanta acción podía sugerir la portada hubiera elegido esta War Machine sin pensarlo dos veces. En las décadas de los 80 y 90 una película como esta tal vez hubiera tenido una corrida en cines moderadamente exitosa antes de pasar al VHS para ahí encontrar un verdadero retorno para sus productores. En la era digital los anaqueles ahora son virtuales y empezando por Netflix, es ahí donde viven la mayoría de los filmes como este.

War Machine es lo más cercano a la definición de contenido en la actualidad. Una película estructurada de una manera tal que parece un ejercicio corporativo en el que importa más el retorno de la inversión que cuidar los detalles cinematográficos. La palabra clave aquí es entretenimiento; el director Patrick Hughes ya ha transitado por este camino antes y ya ha estado al servicio de Netflix para entregar productos muy similares a este. La idea aquí es encontrar un gancho para montar una historia de acción lineal con una narrativa que sea como una flecha y que no deje espacio para pensar.

Alan Ritchson, que es el nuevo héroe de acción de la televisión, tiene el papel central en esta War Machine. Interpreta a un militar veterano que, buscando cumplir una promesa a su hermano, se enlista para completar el programa de Ranger. Este programa es uno de los más exigentes del ejército norteamericano. Pues como es de esperarse, nuestro héroe tiene unas condiciones físicas excepcionales y solo debe completar el último ejercicio para obtener su parche de Ranger. En esa última misión de entrenamiento el personaje de Ritchson y su unidad descubren un misterioso robot que parece de otro mundo y aquí las cosas se complican.

El guion parece un refrito de Predator (1987), pero en lugar de un monstruo alienígena tenemos a un indestructible robot. De una larga secuencia de montaje como muchos cortes donde vemos el intenso entrenamiento de esos militares, pasamos al campo de batalla donde esos mismos hombres ponen a prueba lo aprendido para salvar sus vidas. La historia se construye básicamente con dos grandes actos donde pasamos de una introducción breve al conflicto central. El guion no procura hacer planteamientos sólidos que soporten la acción ni mucho menos desarrollar personajes secundarios que no sean simples accesorios.

War Machine es contenido puro, un producto que apunta a una masa importante que engancha fácil con las sugerencias del infame top 10 que el algoritmo de Netflix sirve a sus usuarios. Entretenida, tal vez, pero se me hace repetitiva y holgazana para ofrecer siquiera secuencias de acción innovadoras. Hay que admitir que Alan Ritchson es una verdadera fuerza en pantalla y tiene el carisma propio de los héroes de acción.